viernes, 9 de diciembre de 2011

La Perla: Atmósfera y símbolo.






La Perla, novela o novela corta o cuento, eso poco importa, de John Steinbeck, norteamericano perteneciente, junto a Faulkner, Hemingway, Dos Passos… a la generación perdida, es una lección magistral de la utilización de estos dos aspectos tan difícil de controlar y utilizar en literatura.
    A continuación copio un fragmento del primer capítulo, el comienzo de la obra, donde subrayo las palabras que Steinbeck utiliza para crear la atmósfera de la familia,  una atmósfera cálida y humilde;  si entendemos por atmósfera la representación artística del estado de ánimo del narrador, al concluir la novela comprendes que la luz, el sol y la calidez del fuego del hogar eran el reflejo de lo que podemos llamar: felicidad; una felicidad concreta, la de Kino, Juana y Coyotito. También adviertes que la aparición del escorpión, símbolo de lo diabólico y lo trágico,  comienza a crear la atmósfera de “la caída” de la familia.  Los inexplicables avatares que se les presentan, afortunados o no, sin saberlo, como ocurre con el hallazgo de la gran perla del mundo, en principio solución de todos los problemas y activación de sueños futuros, convertirá las vidas de los protagonistas en un infierno. Crítica social de una sociedad avariciosa, estratificada e injusta.         
    El relato comienza con nuestro protagonista, Kino, despertándose un día cualquiera. Pero no es casual que la primera frase sea: “Kino se despertó casi a oscuras”. Será la herramienta principal que utilizará el autor para crear la atmósfera familiar, lo que en la narración llamará “Canción familiar”. “Casi a oscuras” muestra la presencia de una débil luminosidad, por lo tanto no todo es noche, y si la unimos con la siguiente frase: “Las estrellas lucían aún y el día solamente había tenido un lienzo de luz en la parte baja del cielo, al este.” Intensifica la misma imagen de oscuridad guiada por un  frágil pero visible resplandor, en este caso el de las estrellas. Es el primer encuentro entre la oscuridad y la luz, entre la noche y el día, y esta constante utilización de la dualidad la desarrollará magistralmente Steinbeck para tratar los trágicos avatares que vivirán los protagonistas después de haber encontrado la perla en el fondo del mar. Una lucha tan humana y antigua como El Bien y El mal; La Causalidad y La Casualidad. La luz y la música como guías. Por eso estas dos primeras páginas reflejan la magistral técnica narrativa de Steinbeck: la atmósfera y el símbolo.
   Destaco un fragmento en cursiva, símbolo de lo que será el discurrir del relato y participación significativa del narrador. Una pequeña hormiga que desea salirse del camino marcado por las hormigas-león. Un Dios caprichoso y cruel.
    Pero sigamos con el breve estudio del comienzo de La Perla. Una vez que Kino se despierta, comienzan a aparecer animales en el texto: gallos, cerdos, pajarillos, hormigas, perros, palomas; innumerables animales que convivirán y realizarán paralelamente casi las mismas acciones que la familia de Kino: comer, resguardarse del frío, cantar, sobrevivir…. “una bandada de pajarillos temblaban estremeciendo las alas”, y solo dos frases después:  Juana se cubre con el chal azul la cara hasta la nariz. Lo humano y lo animal es otra constante en la narración, ¿Cuáles actos son humanos y cuáles animales? ¿Dónde está la frontera? El desarrollo de la trama responderá a estas preguntas… Kino como animal perseguido, sobreviviendo como animal perseguido, luchando como un animal perseguido.
    El final es el posicionamiento del narrador ante la manera “normal” y “lógica” de encontrar la felicidad. ¿Cómo no puede llegar a ser feliz y cumplir todos sus sueños Kino si ha encontrado la perla más valiosa del mundo?

                                                                
 Les recomiendo su lectura, magnífico texto.



I

Kino se despertó casi a oscuras. Las estrellas lucían aún y el día solamente había tendido un lienzo de luz en la parte baja del cielo, al este. Los gallos llevaban un rato cantando y los madrugadores cerdos ya empezaban su incesante búsqueda entre los leños y matojos para ver si algo comestible les había pasado hasta entonces inadvertido. Fuera de la casa edificada con haces de ramas, en el plantío de tunas, una bandada de pajarillos temblaban estremeciendo las alas. Los ojos de Kino se abrieron, mirando primero al rectángulo de luz de la puerta, y luego a la cuna portátil  donde dormía Coyotito. Por último volvió su cabeza hacia Juana, su mujer, que yacía a su lado en el jergón, cubriéndose con el chal azul la cara hasta la nariz, el pecho y parte de la espalda. Los ojos de Juana también estaban abiertos. Kino no recordaba haberlos visto nunca cerrados al despertar. Las estrellas se reflejaban muy pequeñas en aquellos ojos oscuros. Estaba mirándolo como lo miraba siempre al despertarse. Kino escuchaba el suave romper de las olas mañaneras sobre la playa. Era muy agradable, y cerró, los ojos para escuchar su música. Tal vez sólo él hacía esto o puede que toda su gente lo hiciera. Su pueblo había tenido grandes hacedores de canciones capaces de convertir en canto cuanto veían, pensaban, hacían u oían. Esto era mucho tiempo atrás. Las canciones perduraban; Kino las  conocía, pero sabía que no habían seguido otras nuevas. Esto no quiere decir que no hubiese canciones personales. En la cabeza de Kino había una melodía' clara y suave, y si hubiese podido hablar de ella, la habría llamado la Canción Familiar.
Su manta le cubría hasta la nariz para protegerlo del aire desagradablemente húmedo. Sus ojos se movieron al oír un rumor a su lado. Era Juana levantándose casi sin ruido. Descalza se acercó a la cuna de Coyotito, se inclinó  sobre él y pronunció una palabra de cariño. Coyotito miró un momento hacia arriba, cerró los ojos y volvió a dormirse. Juana fue hacia el fogón, extrajo un tizón y lo aireó para reavivarlo mientras dejaba caer sobre él algunas astillas.
Kino se había levantado envuelto en su manta. Deslizó los pies en sus sandalias y salió a ver la aurora. Al traspasar la puerta se inclinó para rodear mejor sus piernas con el borde de la manta. Veía las nubes sobre el Golfo como hogueras en el firmamento. Una cabra se acercó a él resoplando y  -mirándolo con sus ojos fríos y ambarinos. A su espalda el fuego de Juana llameaba lanzando flechas de luz entre las rendijas de la pared de ramaje y haciendo de la puerta un cuadro de luz oscilante. Una polilla lo atravesó en busca del fuego. La Canción Familiar sonaba ahora detrás de Kino, y su ritmo era el de la muela de piedra que Juana movía para triturar el grano de las tortas matinales.

El alba llegaba rápida ya, un destello, un relámpago y luego una explosión ígnea al surgir el sol del fondo del Golfo. Kino miró al suelo para librar sus ojos del resplandor. Oía el batir de la masa de las tortas y su aroma sobre la batea del horno. En el suelo las hormigas se apresuraban, divididas en dos castas: grandes y relucientes, pequeñas y parduscas, mucho más veloces. Kino las observó con la indiferencia de un dios mientras una de las pequeñas trataba frenéticamente de, escapar a la trampa de arena que una hormiga-león había preparado para ella. Un perro flaco y tímido se aproximó y a una suave llamada de Kino se acurrucó, colocó el extremo de la cola sobre sus patas y apoyó delicadamente su hocico sobre una estaca hundida en el suelo. Era negro, con manchas amarillentas donde debiera tener las cejas. Aquella era una mañana como otras y  sin embargo perfecta entre todas. Oyó el leve crujir de las cuerdas al sacar Juana a Coyotito de su cuna, lavarlo y envolverlo en su chal de modo que quedara muy cerca de su seno. Kino podía ver todo esto sin mirarlo. Juana cantaba en voz baja una vieja canción que sólo tenía tres notas y, no obstante, interminable variedad de pausas. Esto también formaba parte de la Canción Familiar, como todo. A veces llegaba a ser un acorde doloroso que ponía nudos en la garganta, musitando: «esto es certeza, esto es calor, esto lo es TODO».
Al otro lado de la empalizada había otras casas de ramas, de las que también salía humo y los rumores previos al desayuno, pero aquellas eran otras canciones, los cerdos otros cerdos, las esposas unas distintas de Juana. Kino era joven y fuerte y su cabello- negro caía sobro su morena frente. Sus ojos eran cálidos y fieros y su bigote exiguo y áspero. Libró su nariz de la manta, porque el aire oscuro y venenoso había huido y la luz dorada del sol caía sobre la casa. Junto a la cerca dos gallos se encaraban con las alas combadas y las plumas del cuello erizadas. Su lucha era torpe; no eran gallos de pelea. Kino los miró un momento y luego sus ojos se alzaron hacia una bandada de palomas silvestres que se dirigían hacia las montañas, al  interior, recogiendo luz sobre sus cuerpos blancos. El mundo ya estaba despierto, y Kino se incorporó y entró en su choza. Cuando atravesó la puerta, Juana estaba en pie, algo apartada del centelleante fogón. Devolvió a Coyotito a su cuna y empezó a peinarse la negra cabellera hasta formar dos trenzas a cuyos extremos ató dos cintas verdes. Kino se agachó junto al hogar, extrajo una tortilla caliente, la mojó en salsa y se la comió. Luego bebió un poco de pulque y dio por terminado su desayuno, el único que había conocido exceptuando los días de fiesta y un increíble banquete de pastelillos que había estado a punto de matarlo. Cuando Kino hubo acabado, Juana regresó al fuego y desayunó. En una ocasión habían hablado, pero no hay necesidad de palabras cuando se actúa por hábito. Kino suspiraba satisfecho, y ésta era suficiente conversación. El sol caldeaba la cabaña, atravesando sus paredes discontinuas. Uno de los delgados rayos cayó sobre la cuna de Coyotito y las cuerdas que la sostenían. Fue un instante en que dirigieron sus miradas a la cuna, y entonces ambos se quedaron rígidos. Por la cuerda que sostenía el lecho infantil en la pared  un escorpión descendía lentamente. Su venenosa cola estaba extendida tras él pero podía encogerla en un segundo. La respiración de Kino se hizo silbante y tuvo que abrir la boca para impedirlo. Su expresión había perdido el aire de sorpresa y su cuerpo ya no estaba rígido. A su cerebro acudía una nueva canción, la Canción del Mal, la música del enemigo, una melodía salvaje, secreta, peligrosa, bajo la cual la Canción Familiar parecía llorar y lamentarse.







martes, 8 de noviembre de 2011

Ex-tre-meses

Está todo listo, Ex-tre-meses comienza el viernes. Será un mes intenso y espero disfrutéis de este peculiar ciclo de poesía. El primer acto: "Aquí en la Tierra" será una Jam session. Viernes 11 a las 21:00 en la posada del potro, venid sin hora de partida, un abrazo a todos, nos vemos el viernes.





Toda la información de los participantes, artículos y textos se subirá puntualmente a: http://www.cicloextremeses.blogspot.com/ Espacio dirigido a la discusión poética.


martes, 18 de octubre de 2011


¡Y por fin vio la luz!
El tercer número de la revista El sótano ya está en el ciberespacio.
Reitero: ha sido un placer escribir el texto y, sobre todo, formar parte de esta gran idea.




martes, 5 de julio de 2011

Los cinco soles de España



Para disfrutar en estos días de aire acondicionado, salidas fugaces a las diez de la noche y chapuzones infrecuentes en cualquier piscina cercana para paliar, momentáneamente, la angustia del calor, estoy leyendo un libro que me recomendó una amiga, y no conocía: Los cinco soles de México. Memoria de un milenio, de Carlos Fuentes. Es un libro de cuentos acerca de la historia mexicana. Fantástico. La sencillez y claridad con que Fuentes afronta la identidad, la conquista, la revolución y, sobre todo, el origen de México da, voy a ser claro, bastante miedo; es ese miedo que sorprende y sobrecoge, excitándote, ante alguna manifestación inesperada de la naturaleza. Pero no quiero hablar del libro porque ya ha sido valorado por muchos otros. Las preguntas, opiniones y razonamientos de Fuentes me hicieron mirar a mi alrededor y sonreír ante lo tremendamente irónica que son a veces las cosas, o la historia, o la realidad, o la vida, o solo tal vez lo lúdico de mi imaginación.

En el primer fragmento del libro, Fuentes, se pregunta: ¿Cuándo empezó México? Y desde ahí se lanza a explicar el origen, que no el comienzo, de México.

Y yo me pregunto: ¿Cuál es el origen de España?

Claro está, no tengo la respuesta, tampoco busco contestarla en éste texto, ni tengo la clarividencia de Fuentes. Escribo esto porque en el prefacio hay varios momentos que inconscientemente los he relacionado con la actualidad, sin pretenderlo, simple conexión involuntaria, y por eso estoy escribiendo.

El primero es el momento histórico de la conquista. El día de Pascua de 1519 Hernán Cortés desembarca en la costa de Veracruz al frente de 508 hombres, 16 caballos y 11 navíos. El día exacto que había sido pronosticado el regreso del Dios Quetzalcóatl para comprobar cómo habían tratado los aztecas la tierra. Y ahí, en la coincidencia, en las supersticiones, en el miedo a los Dioses, en la sordera de las voces de su pueblo, en la ceguera de las injusticias contra su pueblo, Moctezuma se rindió, decidió no pelear contra los minotauros, contra el fuego y las cruces de metal afiladas. Moctezuma solo miraba al cielo esperando que los Dioses le hablasen, le dieran la respuesta, el rumbo que debía seguir. Pero no lo hicieron y Moctezuma murió. En su lugar, Cuauhtémoc fue erigido nuevo y último tlatoani de México. Aunque la batalla estaba casi perdida Cuauhtémoc lideró la sublevación mexicana contra los invasores, intentó organizar un imperio sumido en el caos, distribuir y conseguir alimentos y agua potable para su gente, e intentar unir, de nuevo, pero esta vez desde el diálogo y las concesiones, a los pueblos del imperio, armándose para el regreso de los españoles. El último Tlatoani intentó liberar a su pueblo.

En un cuento del libro, Fuentes le da voz a Cuauhtémoc cuando es apresado y presentado ante Cortés, amarrado y solitario, le dice a Cortés: «He hecho en defensa de mi pueblo y vasallos todo lo que estaba obligado a hacer por pundonor y también por pasión, fuerza y convicción. Y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma luego este puñal que traes en la cintura y mátame luego con él» Y de repente sentí… una gran admiración por la escena que me mostraba Fuentes y yo maximizaba y coloreaba: Un emperador derrotado, volcaba en la tierra cada gota de sudor y sabiduría y pasión y sangre por su pueblo, ante un hombre ambicioso, cruel e inteligente…y entonces, olvidando el libro y la historia de México, regresando a mi habitación, pensé, identifiqué, que aún nos gobiernan Moctezumas supersticiosos, dictatoriales, que solo miran al cielo (¿Quiénes son los verdaderos dioses de nuestro presente?) que solo escuchan a Malinchas, poseedoras únicas del poder de la palabra, del engaño, del interés… y pensé en todas las mentiras, en los discursos estériles y supersticiosos de los políticos, sordos y ciegos a lo que ocurre a su alrededor, evitando enfrentarse al conflicto de expulsar a los invasores. No quiero Moctezumas que reinen la palabra y utilicen a las naciones. Quiero a Cuauhtémoc/as que tengan la pasión, la fuerza, la convicción y la sabiduría de sacrificarse y dirigir el destino de su nación. Yo conozco alguno que necesitaríamos fuese político; no estoy seguro, perdonar si me equivoco, pero creo que fue Sócrates quién dijo que: deben dirigir aquellos que tengan la sabiduría y sean elegidos sin ellos desearlo.

El otro instante donde desconecté es cuando Fuentes trata la revolución Mexicana de 1910; para ello utiliza una cita de María Zambrano que dice: «Una revolución es como una anunciación. Es tan importante por lo que logra como por lo que promete». Y fui consciente, en un breve instante, como me ha ocurrido varias veces mientras he leído éste gran libro, que estoy viviendo un momento histórico, una fecha: 15M, o tal vez un año: 2011, o un período: 2011-2…. que será tratado por historiadores, sociólogos o quizás por el Fuentes del siglo XXIII para escribir un magnífico prefacio y un cuento del libro Memorias sobre los tres milenios; pero ¿de qué identidad hablará?

Vivo un momento histórico, miles de personas, en distintitos países, de diferentes y muy alejadas culturas, niveles educacionales, profesionales, idiomáticos e ideológicos dicen que están cansados, hastiados, indignados. ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué se está prometiendo, qué se sueña prometiendo?

Fuentes utiliza otra cita de María Zambrano para bifurcar el momento de la conquista no solo como la masacre y el fin de una época que fue, sino también como el comienzo de otra cosa: el mestizaje, el barroco indígena, las primeras grandes ciudades, universidades, la multiculturalidad, Sor Juana Inés de la Cruz, Durero, la religión no sangrienta sino sacrificada, la lengua, la contraconquista mexicana, como dice Fuentes… «Una catástrofe solo es verdaderamente catastrófica si de ella no se desprende algo que la rescata, algo que la sobrepasa». Una frase que no deja indiferente.

El imperio azteca terminó en su quinto sol. Tal vez, solo tal vez, nosotros en nuestro quinto sol, nuestro quinto presidente democrático, acabe una época y empiece otra de mestizaje y esplendoroso barroco indígena y universidades.

Lástima que Zapatero no sea Cuauhtémoc.

Y qué decir de Rajoy.

sábado, 25 de junio de 2011


Ágora digital nº 24 estará en red a partir del 1 de julio


Un nuevo número de Ágora digital se acerca, será el 24 de nuestra publicación, el noveno en la versión digital.

En 72 páginas encontraréis:


Autores que publican por primera vez con Ágora, papeles de arte gramático: Eduardo Segura, Montse de Paz Toldrá, Aítor Francos, Fernando Soriano, Marina Centeno, Ulises Varsovia, Manuel Jorques Puig, Pedro Pujante, Salvador Blanco Luque y Ángela García García.

Firmas ya veteranas en la publicación: José Luis Martínez Valero, Fulgencio Martínez, Antonio Soto, José Belmonte Serrano, Pascual García, Jesús Cánovas, Dionisia García y Francisco Javier Illán Vivas.

La revista abrirá con un dossier sobre Bécquer: "Bécquer en sus escenarios en el 175 aniversario de su nacimiento", de José Luis Martínez Valero.

La portada será Ramón Palmeral, titulada Miliciana.

sábado, 30 de abril de 2011

Adiós Ernesto


De "Uno y el Universo"


Casualidad
Barbarismo, ¿por causalidad?

Cobardía
Esa típica cobardía de los japoneses, que temerosos de un mundo imperfecto y propicio a la deshonra, se lanzan a la muerte para asegurarse una confortable eternidad.

Creación del Hombre
El doctor Lightfoot, vicerrector de la Universidad de Cambrindge, mediante un cuidadoso estudio del Génesis, encontró que el hombre fue creado el 23 de octubre de 4004 a.C., a las nueve de la mañana.

Dios

Hay muchos pensadores que sostienen la ineptitud de la Metafísica para probar nada. Sea como sea, parece que problemas como el de la existencia de Dios sólo tienen cabida en la Filosofía; si ésta no sirve, tanto peor para los queno les basta con la fe y sienten la necesidad deprobar la existencia oinexistencia de Dios; pero que no se busquen argumentos en la ciencia.

La ciencia es totalmente ajena a esta cuestión y la prueba está en que de ellase ha pretendido sacar argumentos en favor y en contra de la existencia de Dios:Kepler y Newton se extasiaban ante el orden universal que, según ellos,implicaba la existencia de Alguien que lo hubiese establecido; Maupertuissuponía que el principio de mínima acción de la dinámica era la mejor prueba deuna Sabiduría Divina; Jeans piensa que este universo ha sido construido por unDios Matemático, con conocimiento del cálculo tensorial y la teoría de losgrupos. Por el otro lado, hay espíritus dispuestos a creer que el desarrollo de laciencia prueba la inexistencia de Dios; no veo, sin embargo, cómo el descubrimiento de leyes en el terreno de la biología y de la psicología puede resultar reconfortante para los que piensan así; si no he entendido mal, las experiencias de Pavlov demuestran que buena parte del mundo psíquico revelaya una obediencia a leyes estrictas; pero ¿no es la existencia de leyes ineluctables lo que lleva a otros a creer en la existencia de Dios?

En realidad, un censo de opiniones mostraría que buena parte de los sabios creen en un Principio Ordenador. Por mi parte, me parece que la ciencia estricta nada puede probar en este problema. En la medida en que sus hombres pronuncian estas ansiosas afirmaciones no pertenecen a la ciencia: pertenecen ala Teología o a la Metafísica, que tanto odian.

Dogmatismo


En todas las épocas de la historia, los enemigos más encarnizados del Dogmase han reclutado entre los partidarios de un Dogma Diferente, quemándose, ahorcándose o crucificándose mutuamente. El auténtico espíritu libre está abierto a todas las posibilidades, incluyendo los dogmas y las supersticiones. Este espíritu debería ser la esencia del pensamiento científico y filosófico; ylógicamente lo es, pero es raro que psicológicamente o históricamente lo alcance a ser: los hombres de ciencia y los filósofos son hombres de carne y hueso y no están desposeídos de los vicios de los demás mortales; tienen mayor dominio dela inteligencia y más espíritu crítico; pero es una diferencia de grado, no de esencia.

Y así nos encontramos con un hecho curioso: los siglos XVIII y XIX desencadenaron una especie particularmente peligrosa de dogmatismo: el científico. Es cierto que en nuestro siglo, algunos de los más grandes epistemólogos han recomendado la cautela y la modestia; pero el hombre de lacalle, impresionado por el desarrollo de la técnica, no ve esos titubeos teóricos yha adquirido la más singular de las supersticiones: la de la ciencia; que es comodecir que ha adquirido la superstición de que no debe ser supersticioso.

Era un acontecimiento previsible: la ciencia se ha hecho recientemente poderosa y abstracta, es decir, misteriosa: para el ciudadano se ha convertido enuna especie de magia, que respeta tanto más cuanto menos la comprende. Este nuevo esoterismo tiene por dignidades el Miedo y el Poder, y estas dos fuerzas engendran siempre las supersticiones.

En la ciencia hay un elemento eterno y otro mortal: el primero es el método,que consiste en observación cuidadosa y razonamiento impecable; la partemortal es, en cambio, el conocimiento mismo. La teoría de Tolomeo fuesuperada por la de Copérnico, esta por la de Einstein y la de Einstein ha de sersuperada por otra más compleja. El desarrollo del pensamiento se hace amenudo a través de estas negaciones dialécticas. Esta mortalidad delconocimiento es lo que hace tan cautelosos a los hombres de ciencia, que nuncason dogmáticos cuando son auténticos. En líneas generales, puede decirse que practican tanto menos el dogmatismo de la ciencia cuanto más a fondo hanllegado a ella; tiene mayor fanatismo científico el médico, cuya ciencia está probablemente en el estado en que se hallaba la física en la época de Aristóteles,que el matemático, cuya ciencia, por ser la más simple de todas, es la más avanzada.

Si hay algo seguro en nuestros conocimientos es la verdad de que todos los conocimientos actuales son parcial o totalmente equivocados. Dentro de cienaños parecerán monstruosas las operaciones cometidas por los médicos del sigloXX en los ulcerosos. En general, les parecerá bastante cómico el afán de las curaciones locales, tendencia del hombre ingenuo a dividir la realidad. Laexperiencia realizada hasta el presente ha mostrado que viejas teorías queconstituían Dogma apenas han resultado ser Equivocaciones. Este hecho melancólico debería hacer meditar a los médicos y en general a los científicosque dogmatizan. A menos que piensen, valerosamente, que ese proceso de transmutación de Dogma en Equivocación ya terminó y que ahora todo lo quedicen es inmutable. No veo, sin embargo, por qué ha de poder establecerse un límite entre el Dogma y la Equivocación que pase, justamente, por nuestro tiempo.

Fama

La fama la realizan sucesos contingentes o equivocados: Liszt se ha hecho famoso por su Rapsodia N° 2; Einstein, por la frase “todo es relativo”, que jamás pronunció y que enérgicamente refuta; Baudelaire, por un título que parece prestado de Vargas Vila; Newton, por la caída de una manzana que parece nohaber caído nunca. La gloria se equivoca casi siempre y rara vez se adquiere por motivos que podrían justificarla. En estos hombres, por ejemplo, la fama es merecida, pero sus causas son equivocadas. Excelentes personas se hacen lailusión de tener un buen gusto literario porque leen a Proust, a Shakespeare, a Cervantes; pero a menudo sucede que lo que gustan de ellos no es otra cosa que sus defectos.

A veces la fama se debe a una frase histórica. De todas las cosas apócrifas, las más enérgicamente apócrifas son, quizá, las frases históricas. Dada la naturaleza de la historia humana, casi siempre han sido pronunciadas durante una batalla, o en la cámara de torturas, o al morir en la guillotina. En tales momentos, nadie que no sea un incurable literato pronuncia frases que puedan hacerse célebres por su estilo literario; y las frases históricas son, precisamente,frases pulidas y trabajadas. No hay duda de que las inventa laboriosamente la posteridad —como muchas cosas históricas.

Poderío del Lenguaje

La riqueza del lenguaje puede ser medida por el número de las palabras, perono su poderío. Hay escritores que se arreglan con un vocabulario restringido,que sacan matices y partido del que tienen por la maestría en la colocación.Como en el ajedrez, una palabra no vale por sí sola sino por su posición relativa,por la estructura total de que forma parte. Sólo un escritor mediocre puede desdeñar ciertas palabras, como un mal jugador de ajedrez desdeña un peón: nosabe que a veces sostiene una posición.

Poesía Pura

Algunos opinan que en la poesía pura no deben intervenir elementos didácticos; otros han prohibido los elementos filosóficos, políticos, raciales,científicos; otros, los valores musicales, como el ritmo y la rima. Sería buenoescribir un poema purificado según todas estas recomendaciones: no quedaría nada.

Se cree que el problema de la poesía pura es un gran problema porque es interminable, olvidando que también eran interminables las disputas medievalessobre cuántos granos de trigo forman un montón. En realidad, los logísticos modernos dirían que tanto uno como otro son seudoproblemas de definición:dada una definición se termina la disputa, que simplemente se debe a que cadauno habla de algo diferente.

En general, todos los conceptos en que entra la palabra pura, son sospechosos de escolasticismo: poesía pura, raza pura, música pura. Propongo lasiguiente definición: poesía pura es toda poesía exenta de impureza. Puede parecer irritante, pero hay que reconocer que es irrebatible.

domingo, 10 de abril de 2011

Diálogo I



− ¿Me permites pasar?

− Sí, claro.

− Gracias.

− Pero no te pongas delante que quiero ver a los poetas.

− Vale, pero lo interesante no es verlos, sino escucharlos, ¿no?

− ¿Qué? No te entiendo.

− Nada, nada.

− ¿Eres poeta?

− No, escribo, pero no soy poeta.

− No te conozco.

− Yo a ti tampoco.

− ¿No? Soy Ricardo Elcalbo el último ganador del premio Burbuja Poética.

− Muy importante debe ser, pero no te conozco.

− Toma, mi tarjeta, ahí aparece mi email y dirección de facebook, puedes mandarme algo tuyo para que lo lea y saber si es bueno.

− Muchas gracias, pero sé que no es bueno lo que hago. Pynchon aún está vivo.

− ¿Quién?

− Un escritor Chino de principios de siglo.

− No lo conozco.

Yo tampoco, pero ganó el premio William Faulkner y otras cosillas.

− No sé cuál es ese premio.

− Esto parece una misa en vez de un recital de poesía.

− ¿No has ido a muchos, verdad? Es de lo mejor que se está haciendo.

− A mí todo eso de los dogmas y la política me da un no se qué que…

− Así nunca serás poeta.

− Me llamo Gustavo, he olvidado presentarme.

− Bueno, me tengo que ir, he visto a Carlos Mepica, ¿lo conoces? Editó la antología 20 poetacos euroindonesios y un murciano. La próxima vez a lo mejor me selecciona. Me han dejado acompañarlos y podré cenar con ellos, todo pagado, todo a lo grande, así podré conocer a mucha gente, ¿Quién sabe? Me llevan a casa en taxi y todo. ¿Quién dijo que hay crisis?

− Muy bien. Encantado. Qué disfrutes del recital. Ten cuidado no te atragantes con tanta poesía.